Embrace Campamento de Misiones

Embrace Campamento de Misiones

No pudo haber un mejor nombre para éste campamento de misiones. Embrace o Abrazo. Norteamericanos y Mexicanos trabajando juntos, no hubo barreras.  El idioma no era lo más importante sino el corazón de ambos pueblos al abrazar al necesitado, al extender el amor hacia el prójimo. 

Así como el pintor de un cuadro va dando forma al hermoso mural que está en su mente, así Dios fue dando sentido y propósito a cada acto de servicio, de generosidad, de amor. Cada día cerca de 100 personas puntualmente nos sentábamos a los pies de Jesús para escuchar su corazón y salir llenos de su gracia. Con mucha expectativa salíamos a veces en camionetas, a veces en un camioncito, a veces en coches pero salíamos listos para abrazar a personas como Rosalba, una chica tan joven como asustada. Llena de miedo nos contó su historia de maltrato, desdén y desprecio y sonará exagerado pero así fue. En cuanto fuimos platicando con ella acerca de un Padre sus ojos fueron cambiando. La mirada de sospecha se fue y comenzó a vernos con ojos de esperanza. Su ceño fruncido por el maltrato cambió y dibujó una tímida sonrisa. Rosalba aceptó el amor del Padre y al otro día de visitarla nos contó feliz que la salud de su abuelita en el hospital estaba mucho mejor. 

No solo fue una semana de hablar de Dios con la boca, algunos vinieron a Embrace a hablar de Dios a través de sus manos reparadoras. Fueron días de arreglar muchas bicicletas, apretar tuercas, poner llantas y dejarlas listas para esos niños que querían de vuelta su medio de transporte. Equipo blanco, se la rifaron!!!

Embrace fueron días de darnos cuenta que jugar futbol también es amar, que patear una pelota es comunicar el abrazo de Jesús y que tirarse al piso para lograr anotar en la portería también es una forma efectiva de comunicarle a los niños que son importantes para Dios. Durante Embrace no sólo comíamos sándwiches de lunch, también se construyeron paredes con el mejor pegamento del mundo llamado amor. Nos dimos cuenta que ir a la playa no sólo es ir a mojarse el cuerpo sino a ensuciarse las manos recogiendo basura para decirle a nuestra sociedad que somos gente proactiva que quiere ver una ciudad mejor.

Embrace fue alegría entre los mixtecos, caras pintadas de blanco o como ellos dijeron: “caras de mayonesa”, fueron 600 hot dogs servidos por manos trabajadoras. Embrace fueron jornadas largas y no por ello aburridas sino llenas de canciones, de risas y de amigos nuevos. Embrace fue ver una chica en silla de ruedas sin límites compartiendo a Jesús con niños o mujeres que su oficio está en las calles. 

Embrace fueron noches de expectativa al escuchar al orador hablando directo del corazón del Padre, fueron noches de alabanza y gozo al adorar en dos idiomas al mismo tiempo. Nos dimos cuenta que a pesar del idioma no había forma de no entender la pasión y la gratitud del corazón.

Embrace fue esa llama que encendió en muchos el propósito de Dios para sus vidas y que sin duda al regresar a sus ciudades ya no serán jamás los mismos. 

Nada es para siempre y Embrace llegó a su fin. Se fueron todos y las camionetas repletas de risas dejaron de salir pero ahora Embrace comienza desde cada lugar de origen, desde cada vida impactada, desde cada corazón dispuesto y desde cada mano extendida para abrazar al que lo necesita.

Simplemente gracias si fuiste parte, gracias si apretaste tuercas en una bici  o abrazaste a un enfermo, gracias si metiste un gol o si hablaste a mujeres en necesidad, gracias si tu tarea fue levantar una casa o limpiar caritas sucias de los niños. Gracias por tanto, gracias por ser esos brazos dispuestos. Pero gracias al que nos inspira a llegar más alto y más lejos.

Gracias por tanto Señor Jesus!