Javier y Carmela

Javier y Carmela

Estas son crepas. ¿Las han probado? Pues… no, pero ahorita las vamos a probar. Así comenzó nuestra amena charla. Y para entrar en calor, esas crepas con choco milk que tan rico le supo a Carmela, en su ya 3er mes de embarazo.

Lo que estás a punto de leer es una historia que contaré desde mi asombro. Desde mi propio ángulo en el cual no puedo parar de pensar, qué fiel es nuestro Dios. Asómbrate, esperánzate y no dudes en creer que así de grande y maravilloso es nuestro Dios.

Javier: Llegamos a Ensenada con 100 pesos. Aún así nunca dudamos que era Dios quién nos estaba trayendo desde Comitán Chiapas. Sin embargo todo comenzó con la historia de mi papá. Nací en una comunidad llamada Margaritas, colonia La Ilusión que más bien parecía la desilusión. Mi familia y yo éramos seguramente los más pobres del pueblo. No teníamos nada estable, en realidad nada, pues mi papá era un hombre alcohólico. El mismo se dedicaba a fabricar junto con otros hombres el alcohol que tomaban. Se llamaba “charritos” una especie de pulque muy corriente y barato el cual se vendía como pan caliente en el pueblo. Todos los días mi papá bebía, nos pegaba y también le pegaba a mi mamá. Un día, cuando yo tenía como dos años de edad, me cuenta mi padre que tuvo un sueño muy especial. En ese sueño vino a él un hombre vestido de blanco y le dijo que tenía que dejar ese lugar donde vivíamos porque ahí no íbamos a prosperar. Mi papá aunque era un hombre sin estudios era muy inteligente y en su sueño le preguntó al hombre de blanco: ¿a dónde iré si no tengo nada? –No te preocupes, respondió el hombre. A donde irás encontrarás tu riqueza y ahí te haré prosperar-. Cabe mencionar que mi padre no era Cristiano en ese tiempo, pero sin duda ese sueño cambió el rumbo no solo de el sino de toda mi familia. Para el año de 1994, ya un poco más afirmado en la fe, mi familia sufrió persecución debido a todos los cambios que mostraban, mis tíos eran los más fuertes en el evangelio y un día mi padre y mis dos tíos fueron expulsados de Margaritas, siendo obligados a dejar sus pertenencias y encima de todo, recibiendo 49 azotes cada uno por andar predicando el evangelio en la comunidad. Recuerdo haber tenido unos 5 o 6 años cuando tuvimos que salir y así llegamos a Comitán Chiapas, donde por dos años batallamos rentando y nuestra situación era muy dura, sin embargo, mi papá seguía confiando en que aquel hombre de blanco que había soñado estaba en control de toda esta situación. Un día nos llamaron para decirnos que estaban donando terrenos para gente que había sido expulsada de sus pueblos y así es que fuimos colocados en el lugar donde hasta el día de hoy vivimos. Con muchísimas carencias al principio pero poco a poco fuimos levantando una casa y una iglesia grande en ese lugar.

En este momento, con los ojos aún húmedos le pregunto a Javier: ¿Cómo es la gente en tu comunidad, los Tojolabal? Bueno, responde él; somos un grupo étnico no muy grande, únicamente nos encontramos en Chiapas pero tenemos usos y costumbres muy marcados. La gente suele ser muy violenta, la agresión es una forma de vida, la envida y la murmuración son parte de las familias. Hay una fiesta que celebran cada año para Santo Domingo, la gente camina por horas sobre sus rodillas hasta sangrar y así llegan a “darle honor” al santo del pueblo. Otra de sus costumbres es que las muchachas son vendidas para su matrimonio. 15 mil pesos es lo más barato que uno puede comprar una mujer y de ahí para arriba. Muchas veces entre más paga el varón por la mujer, más derecho tiene sobre ella para golpearla o maltratarla o ponerla a trabajar jornadas duras en el campo.

Javier, ¿me estás diciendo que eso existe el día de hoy? Sí, en nuestro grupo étnico así se usa. Pero nosotros que ya somos creyentes y vamos a una iglesia no hacemos las cosas así, se hace todo bajo el orden de Dios y mi esposa merece respeto y cuidado. Todo cambia cuando vienes a Dios.

Hablando de los creyentes, Javier, ¿cuál crees tú que sea la necesidad más grande entre los nuevos creyentes, las iglesias, los pastores y el pueblo cristiano en general en tu comunidad? –Bueno, hay varias necesidades, pero creo que una de ellas, la más urgente es tener discipulado. Estudios donde el creyente crezca en fe y así pueda enfrentar cada reto que viene. No es fácil para muchos dejar costumbres que han estado arraigadas por generaciones y necesitamos gente dispuesta a discipular, también necesitamos material de discipulado para niños. Si desde pequeños conocen la verdad, estamos ganando mucho para Dios. Necesitamos material para los pastores, porque muchos de ellos no tienen instituto Bíblico, en fin, la iglesia está creciendo pero también están creciendo las necesidades.

Javier, por último, ¿cuáles son sus expectativas para éste tiempo en CECAM? –Pues, son muchas. Queremos aprender de la Biblia, queremos tener el conocimiento pero también que nuestra relación personal con Dios crezca. El pasado viernes tuve una experiencia que me estremeció. Durante la madrugada, sentí un silbido en mi oído, era caliente y después una voz me dijo: “Yo soy Jehová tu Dios y sólo a mi servirás” Creo que Dios tiene un llamado sobre nosotros y lo queremos cumplir. Para nosotros CECAM es un sueño cumplido, pues desde niño anhelé prepararme. No lo vamos a desaprovechar.

Les prometo que es la última pregunta: Carmela, como mujer ¿qué sentiste cuando ya de camino a Ensenada se confirmó tu embarazo? –suspiro hondo de Carmela- Nunca pensé en regresarme, de hecho ya Ezequiel (su hijo de 4 años) me había dicho que tenía un bebé en mi pancita. Varias ocasiones el me repetía lo mismo y yo siempre le contestaba que no, que no había bebé en pancita. Sin embargo, comencé a pensar en que tal vez estaba diciendo la verdad. Llegó el día de venir a Ensenada y en el camino, ahí por Oaxaca, y después de mareos, vómitos y una prueba de embarazo, lo confirmamos. Ezequiel tenía razón, ¡había bebé en pancita! No pensamos en regresarnos por esto, al contrario, nos sentimos muy privilegiados que mi bebé desde pequeño esté en un lugar de preparación ministerial, y aunque he tenido muchos achaques, seguimos sintiendo que Dios está en control de todo. Incluso de éste embarazo y del futuro de mis hijos.

Hay miradas largas, un silencio y después un: ¡Qué historia, chicos! Agradezco a ellos su tiempo y su disposición de abrir el corazón y hacemos una breve oración. No nos queda más que ofrecer nuestra casa, nuestra amistad y por qué no nuestros recursos cuando sea necesario. Javier y Carmela son parte de CECAM pero más que eso son parte hermosa de un grupo étnico que quiere hacer brillar a Jesús. Aquí o allá, cerca o lejos, como ellos dijeron, pero lo que hoy están haciendo sin duda ya está impactando corazones y en sus hijos formando nuevas generaciones.

Dios bendiga a ésta hermosa familia que atravesó el país completo para avanzar en el propósito de Dios a sus vidas.