Viaje Misionero 2014: Pensamientos de Jared

Viaje Misionero 2014: Pensamientos de Jared

This trip was my opportunity to get firsthand knowledge of the heart of Mexico.  Being new to the country I hadn’t yet traveled outside of Baja California, and being new to Agua Viva I hadn’t met many of the missionaries in Mexico whom we love and pray for.  Most of you won’t be surprised that I fell in love with both the Mexican countryside and the people we met there who are serving the Lord.

Para mí este viaje fue la oporunidad de conocer el corazón de México.  Siendo recién llegado a México no me había tocado viajar fuera de B.C., y siendo recién llegado a Agua Viva no había conocido los misioneros Mexicanos quien amamos y para quien oramos.  No les va a sorprender que me enamoré con el campo y la sierra de México, y también con la gente que conocimos allí que sirven al Señor.

Although I was only able to travel for two of the three weeks, that time was full of new flavors, sights, friendships, and lessons.  In the midst of all the new experiences, what stays with me most is the power of the word “hermano.”  Growing up in the suburbs of Boston, my life has been quite different than the lives of those in the sierra of Nayarit, or those in the city of Guadalajara, or those in the fields in Sinaloa, or in the desert of Sonora.  Yet in each of these places I was called “hermano,” or brother.  This is common among Christians in Mexico, but it took on new meaning for me in El Arrayán, the most isolated place I’ve visited.  The culture was so different that I had a hard time imagining what life would be like growing up and living there, and I’m sure each person living there had a hard time imagining what my life is like.  And here, at the top of a mountain, these same people smiled, embraced me, and called me brother.

Aunque solamente podía viajar por dos de las tres semanas, el tiempo fue lleno de nuevos sabores, vistas, amistades, y lecciones.  Entre las nuevas experiencias, lo que me impactó más que nada es el poder de la palabra “hermano.”  Creciendo en las afueras de Boston, mi vida ha sido bien diferente que vida en la sierra de Nayarit, la ciudad de Guadalajara, el campo de Sinaloa, o el desierto de Sonora.  Sin embargo, en cada uno de estos lugares me dijeron “hermano.”  Ya sé que eso es común entre Cristianos Mexicanos, pero para mí tomó un significado más fuerte en el Arrayán, el lugar más alejado que he conocido.  La cultura es tan diferente que ni podía imaginarme como sería la vida allí, y supongo que los que viven en el Arrayán ni podían imaginarse como sería mi vida.  Pero allí, al cima de una montaña, ellos mismos sonrieron, me abrazaron, y me llamaron hermano.

Our lifestyles and cultures are vastly different, but God’s kingdom unites us as brothers and sisters.  When I heard them reading the Bible and preaching I realized that we read the same book, we share the same Gospel, we have a common vocabulary.  And more than anything, we have the same savior, working in the same way to bring us freedom and joy.  It was a privilege to share the joys and struggles of my Mexican brothers and sisters, and in no uncertain way to hear the voice of Jesus when they called me brother.

La diferencia entre nuestras culturas es enorme, pero el reino de Dios nos une como hermanos.  Cuando escuché a mis hermanos leyendo la Biblia y predicando me di cuenta que leemos el mismo libro, compartimos el mismo evangelio, tenemos el mismo vocabulario.  Y más que nada tenemos el mismo salvador, quien trabaja para darnos libertad y gozo.  Fue un privilegio compartir el gozo y los retos de mis hermanos Mexicanos, y en cierta manera escuchar la voz de Jesús cuando me dijeron hermano.